La formación rompe sus límites. Vivir para aprender y aprender para vivir

El conocimiento es el recurso, individual y colectivo, más importante. Permite la apreciación del entorno, la adaptación al cambio y la transformación. Las sociedades que generen más y mejores situaciones para el aprendizaje serán sociedades que ofrecerán una mejor calidad de vida.

La progresiva puesta en valor de esta necesidad de conocimiento fue haciendo crecer tanto la dimensión temporal y espacial del aprendizaje, como el ámbito que abarca.

Así, el aprendizaje ya no se circunscribe a los primeros momentos de la vida, hemos descartado la idea de un único periodo adecuado para la adquisición de conocimientos y ya se da por sentado que cualquier edad es compatible con el aprendizaje. No solo eso, sino que, además, para resultar realmente operativo, el conocimiento adquirido debe consolidarse, actualizarse, y, en muchas ocasiones, corregirse constantemente. Socialmente se ponen en marcha múltiples mecanismos para perseguir el objetivo de la formación permanente, o aprendizaje a lo largo de la vida: la edad que alcanza la escolarización obligatoria continúa ampliándose, aumenta la oferta de formación para adultos, se promociona la formación profesional como formación de reciclaje…

Por otra parte, el aprendizaje ya no se circunscribe a las instituciones educativas, el conocimiento ha salido del aula y ha entrado en las empresas, en los ayuntamientos, en los agentes sociales.., y también, como forma de establecer y consolidar vínculos personales y sociales, en el movimiento asociativo y en grupos de personas que se juntan espontáneamente para aprender.

Y, por último, el aprendizaje ya no se circunscribe a los expertos docentes. Todas las personas podemos adoptar el papel de formadoras en alguna materia, en algún momento, e internet ha supuesto una herramienta fundamental para ello. Con la red la posibilidad de encontrarse se multiplica y los obstáculos se minimizan tanto para quien transmite como para quien recibe. La formación se vuelve más flexible, atractiva y oportuna, y el aprendizaje más ajustado y fácil.

Esta progresiva ampliación de las dimensiones del aprendizaje lleva pareja la extensión de los límites del propio contenido del aprendizaje. La psicología nos ha abierto un campo casi infinito de conductas entrenables para su adquisición, modificación o eliminación (motivación, resiliencia, empleabilidad…) y junto con la pedagogía, avanza en el diseño de metodologías para conseguirlo (coaching, enseñanza cooperativa, aprendizaje-servicio…) y conseguirlo a cualquier edad.

En este nuevo contexto las administraciones públicas deben jugar un papel activo al menos en dos frentes: por un lado, garantizando la existencia de situaciones de aprendizaje, bien interviniendo directamente, bien facilitando la intervención de otras entidades y, por otro lado, eliminado las situaciones de desigualdad.

El Ayuntamiento de Avilés diseña cada año un programa de actuaciones formativas que intentan dar una respuesta flexible y adaptada a las necesidades detectadas entre ciudadanía y organizaciones, para conseguir fomentar el aprendizaje permanente, formal e informal, participativo e incluyente.

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